Una cosa son las emociones positivas que sacan lo mejor de cada uno de nosotros y otra cosa muy diferente es aplicar a toda costa el pensamiento positivo. Bárbara Ehrenrich razona con acidez y sarcasmo que es precisamente el pensamiento positivo impuesto y universalizado lo que no nos deja madurar socialmente al querer sonreír siempre cuando a veces lo que toca es llorar. Ver la realidad es el primer paso para avanzar hacia un mundo mejor. El crecimiento perpetuo, ya sea de una empresa en particular o de toda una economía, es un absurdo pero el pensamiento positivo lo hace parecer posible. Para Ehrenrich la implacable promoción del pensamiento positivo ha debilitado a los Estados Unidos.
