Los bancos no se consideran responsables de los impactos en la biodiversidad o en el cambio climático causados por sus actividades de préstamo. Y por ello no han desarrollado mecanismos precisos para conocer el destino final y el impacto de las inversiones que hacen posibles. Especialmente preocupante es la financiación sin restricciones de proyectos de pesca intensiva, infraestructura, transporte y turism
