Aunque muchas enfermedades infecciosas proceden de animales salvajes, la culpa de una pandemia nunca es del animal portador del patógeno sino del ser humano, al establecer contacto con nuevos patógenos o degradar la naturaleza y favorecer las condiciones para un nuevo contagio. La mejor defensa es aliarse con la naturaleza y aprovechar los mecanismos de regulación que operan desde hace miles de años, en esencia dos: 1) la regulación demográfica resultante de un ecosistema rico en especies e interacciones, 2) la eficacia del sistema inmune de una fauna silvestre sana y con bajos niveles de estrés. No entender esto es exponernos a nuevas y mas frecuentes pandemias.
