A todos nos gusta creer que un desarrollo sostenible es posible y que el “crecimiento verde” (definido por las Naciones Unidas como un desarrollo económico eficiente, limpio y resiliente) es una buena forma de alcanzarlo. Sin embargo, este crecimiento es todavía una utopía inalcanzable en la práctica. Tal como demuestran Hickel y Kallis (2019), el crecimiento verde no es posible mientras no se desacople realmente el producto interior bruto del uso de recursos (estimado como huella material o consumo doméstico material). Ambas variables han estado históricamente acopladas en todos los países del mundo y un aumento de la eficiencia no basta para desacoplarlas. Para reducir el calentamiento global no hay más opción de momento que el decrecimiento económico.
