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5 MINUTOS CON... El metano

Tanto énfasis hemos puesto en el principal gas de efecto invernadero emitido por el ser humano, el CO2, que se nos ha ido olvidando la importancia creciente del metano.
3 de diciembre de 2022
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Tanto énfasis hemos puesto en el principal gas de efecto invernadero emitido por el ser humano, el CO2, que se nos ha ido olvidando la importancia creciente del metano. El metano es un gas con una gran capacidad de retener la energía solar y cuyas concentraciones en la atmósfera también están aumentando y mucho. Tanto es así que se estima que el metano es responsable de al menos la tercera parte del calentamiento climático actual.
Cómo será de importante el metano que es de las pocas cosas que se concretaron en la cumbre del clima en Glasgow, la COP26, donde se planteó atajarlo con una reducción del 30% de las emisiones globales para 2030. Un objetivo que se quedó corto, ya que las Naciones Unidas planteaban en 2021 la necesidad de reducir las emisiones de metano en un 45% en los próximos 10 años. Una reducción del 45% de las emisiones de metano no solo mitigaría el cambio climático sino que evitaría 180.000 muertes prematuras y medio millón de complicaciones de salud vinculadas al asma y a otras dolencias respiratorias. También mejoraría el rendimiento de los cultivos en unos 26 millones de toneladas al año.
Aunque el tiempo de residencia del metano en la atmósfera es inferior al del CO2 (12 años frente a más de 120), es mucho más efectivo atrapando la radiación solar, siendo un gas de efecto invernadero ochenta veces más potente que el CO2. A diferencia del CO2, las concentraciones atmosféricas de metano están aumentando más rápidamente que en cualquier otro momento de la historia reciente del planeta.
Las fuentes de metano son biogénicas (humedales, lagos, agricultura, residuos/vertederos, fusión del permafrost), termogénicas (uso de combustibles fósiles y filtraciones naturales), pirogénicas (quema de biomasa y biocombustibles) o mixtas (hidratos de metano, geológicas). Nuevos estudios sugieren que el reciente y rápido aumento de las concentraciones de metano a nivel mundial es sobre todo biogénico, principalmente procedente de la agricultura, con contribuciones menores a partir del uso de combustibles fósiles y de las emisiones de los humedales.
Si nos centramos en las emisiones directamente relacionadas con las actividades humanas hay tres fuentes principales: 1) la agricultura, que representa el 40% de las emisiones de metano antropogénico, la mayoría proveniente del estiércol del ganado, la fermentación, y también del cultivo del arroz; 2) la extracción, procesamiento y distribución del petróleo, el gas y la minería del carbón, que representan más de un tercio de las emisiones antropogénicas de metano; y 3) la gestión de los residuos, los vertederos y las aguas residuales que suponen entorno a la quinta parte de las emisiones de origen humano.

El hecho de que las emisiones de metano procedentes de las crecientes actividades agrícolas sean la causa dominante del aumento de este gas en la atmósfera apunta a la necesidad de equilibrar la seguridad alimentaria con la protección del medio ambiente y la reducción drástica de gases de efecto invernadero.
Evitar las emisiones de metano mediante la mitigación local en fuentes puntuales será siempre menos costoso y más eficiente que eliminar el metano del aire una vez que ha sido emitido. Sin embargo, los esfuerzos de mitigación local parecen ser insuficientes para cumplir el objetivo del Acuerdo de París tanto en términos de escala como de velocidad. Por ello es importante desarrollar mecanismos y tecnologías que permitan eliminar el metano de la atmósfera, algo que de momento se ve como muy complejo.
Dado que la mitigación de la mayor parte de las emisiones antropogénicas de metano es incierta en este siglo, y que no puede excluirse la liberación repentina de metano en el Ártico y en otros lugares de la Tierra, hace falta combinar la reducción de emisiones con el desarrollo de tecnologías de eliminación u oxidación de metano.
Además de los beneficios climáticos, la reducción de las emisiones de metano ayudaría a mejorar la salud humana y la producción de cultivos mediante la reducción simultánea de la producción de ozono. Recordemos que, en presencia de radiación solar, el metano favorece la formación del ozono a nivel del suelo, y el ozono en estas capas bajas de la atmósfera es un importante contaminante además de un potente gas de efecto invernadero.
La buena noticia es que debido al alto potencial de calentamiento global del metano y a su corta vida en la atmósfera en comparación con el CO2, su mitigación ofrece la posibilidad de frenar el cambio climático de forma eficiente en un horizonte temporal corto.

Fernando Valladares
valladares.info
Doctor en biología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Director del proyecto "La Salud de la Humanidad"

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