Millones de personas mueren cada año por los impactos de un medio ambiente en mal estado. Esto contrarresta los progresos de la medicina y está provocando que la esperanza de vida del ser humano esté, por primera vez en nuestra historia reciente, estancada, e incluso disminuyendo.
La esperanza de vida se duplicó durante el siglo XX y cuando todo indicaba que poco a poco iría alcanzando a la longevidad de nuestra especie, la tendencia cambió.
Recordemos que la esperanza de vida es la edad máxima que, desde un punto de vista estadístico, puede alcanzar una persona que nace y vive en un momento y en un lugar determinado. La longevidad, por el contrario, es un parámetro biológico, no estadístico, y representa la edad máxima para una determinada especie. Mientras la longevidad humana ronda los 140 años y la esperanza de vida paso de 40 a 80 años en apenas un siglo, estamos viendo ahora que la esperanza de vida global de nuestra especie, se ha estancado en la última década, y ha bajado a 79 años.
¿Significa esto que la medicina ya no progresa como antes? No, ni mucho menos. La medicina continúa haciendo espectaculares avances en vacunas, terapias génicas o tratamientos contra el cáncer. ¿Qué ocurre entonces? Pues la realidad es que la degradación ambiental está generando impactos negativos en la salud humana que superan a los progresos de la medicina.
Es lo que se conoce como muertes prematuras o evitables. Muertes que ocurren antes de tiempo o que podrían evitarse mejorando el estado del medio ambiente. Veamos el caso de la contaminación atmosférica, por ejemplo. Recordemos en primer lugar que más de 9 millones de personas pierden la vida cada año por respirar aire contaminado. Analizando extensas bases de datos mundiales se ha calculado que estas muertes prematuras por contaminación atmosférica están reduciendo la esperanza de vida media global en un año y 8 meses. Esto es un promedio para toda la humanidad, ya que en algunas ciudades del mundo la reducción por esta causa de los años que una persona va a vivir es mucho mayor.
No tenemos todavía los datos equivalentes para el cambio climático, del que sí sabemos que causa millones de muertes globales cada año, ni tampoco para otras formas de contaminación. Pero existe consenso en que estos dos graves problemas ambientales combinados reducen en varios años nuestra esperanza de vida.
Una forma alternativa de explorar los impactos en nuestra salud de una enfermedad o un problema ambiental es el número de años de vida perdidos por morir antes de la fecha estadísticamente más probable. Para entender el impacto en la mortalidad de un problema sanitario de origen ambiental como la COVID-19, no basta con el recuento de fallecimientos, sino que hace falta comprender como de prematuras fueron esas muertes.
Las cifras son astronómicas: contabilizando las muertes por COVID-19 que tuvieron lugar hasta principios de 2021 en 81 países para los que hay datos fiables, se ha calculado una pérdida de más de 20 millones de años solo con el millón doscientos mil muertos que hubo en esos países hasta esa fecha. Esto da una media de 16 años de vida perdidos por cada muerte y nos permite afinar más y comprender mejor los riesgos reales de una infección de origen animal que afecte a gran escala a los seres humanos.
Datos similares para el ozono mostraron que, para una ciudad de siete millones y medio de habitantes como Ningbo, en China, este contaminante causa 18 mil fallecimientos en cinco años y una pérdida de un cuarto de millón de años de vida en total cada lustro. Calculado de otra manera esto genera que cada día se pierdan 133 años de vida en Ningbo por sus altos niveles de ozono.
Numerosos estudios que comparan los años de vida perdidos por distintas causas concluyen que la prevención y la conservación de la naturaleza son dos de las medidas más eficaces para mejorar todas estas cifras. Sin embargo, lo que globalmente más años de vida hace perder a los humanos es la pobreza y la desigualdad. Ambas circunstancias amplifican todos los problemas ambientales y de salud. Así que, si nos preocupa de verdad la salud de la humanidad, cambiemos el foco de la atención médica a la prevención, y de los hospitales al medio ambiente, y tomémonos en serio lo de reducir las diferencias socioeconómicas tanto dentro como entre las distintas regiones del planeta.

