El carbono es el elemento de la vida. Cuando se alía con el oxígeno y forma el CO2 resulta en un gas con efecto invernadero que se acumula en la atmósfera. Para equilibrar este proceso tenemos almacenes terrestres y marinos que guardan a buen recaudo ese carbono en forma de materia orgánica, además de los grandes almacenes geológicos que son por ejemplo las rocas carbonatadas.
Si repasamos estos conceptos nos ponemos al día en diez minutos sobre los almacenes de carbono y sus dinámicas.
El calentamiento global genera condiciones que dificulta a los ecosistemas naturales secuestrar el CO2 de la atmósfera. El balance resulta muy preocupante en años como el 2023, donde sequias en el amazonas, incendios en Canadá y fusiones de turberas boreales han dejado sin apenas efecto este gran mecanismo planetario para regular las concentraciones atmosféricas de un gas que se vuelve particularmente incómodo por resultar de la quema de combustibles fósiles que no terminamos de reducir.
Algunos bosques en los Andes aun funcionan bien a gran escala. Se convierten en un tesoro cada día más preciado que como otras bosques y ecosistemas intactos o bien conservados debemos esforzarnos por mantenerlos así durante mucho tiempo.

