T5-E1: Biogás, de solución a problema - Como el negocio destruye una buena idea

Al albor de atractivas subvenciones e incentivos proliferan por todo el territorio español propuestas de instalación de plantas de biogas...
3 de septiembre de 2025
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Al albor de atractivas subvenciones e incentivos proliferan por todo el territorio español propuestas de instalación de plantas de biogás y de biometano que inquietan a científicos, activistas y a los habitantes del medio rural donde se proyectan. Lo que en principio es una buena idea al darles una nueva vida a los residuos orgánicos antes de descartarlos definitivamente se convierte en un nuevo y preocupante problema ambiental, sanitario, social e incluso económico. Y la transformación acontece por el tamaño de esas plantas, que se programan grandes para que salgan rentables, y la ubicación, que se busca cómoda para los miles de camiones que acarrean el nauseabundo material. La ciudadanía se organiza en plataformas para exigir más democracia (transparencia con fondos y espacios públicos, información veraz de los pros y los contras) y derechos humanos (derecho a agua limpia, a un medio ambiente saludable) y están deteniendo muchos proyectos de la mano de la ciencia y la conciencia.

En este episodio del pódcast Ciencia Vuelta, los científicos Fernando Valladares y Ana Payo Payo analizan el auge de las plantas de biogás en España y en la Península Ibérica, y cómo una solución pensada para reducir emisiones puede, mal gestionada, generar nuevos conflictos ambientales y sociales.

El biogás es un gas de origen biológico compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono, ambos potentes gases de efecto invernadero. Se obtiene mediante la digestión anaeróbica de residuos orgánicos, como los procedentes de explotaciones ganaderas o plantas agroindustriales. El proceso genera además un subproducto, el digestato, que puede utilizarse como fertilizante natural.

Sobre el papel, se trata de una fuente de energía renovable capaz de aprovechar residuos y reducir la dependencia del gas fósil. Sin embargo, como recuerdan los científicos, “es un ejemplo de cómo una buena idea deja de ser tan buena cuando se prioriza el negocio”.

En España hay miles de proyectos de plantas de biogás en desarrollo y, en la mayoría de los casos, enfrentan una fuerte contestación ciudadana. El motivo -explica Valladares- está en el desequilibrio que genera su rápida expansión: los proyectos llegan antes de los estudios ambientales detallados, se concentran en zonas rurales con poca capacidad para oponerse y a menudo se vinculan a macrogranjas o industrias intensivas.

El auge del biogás no puede entenderse sin el marco europeo. Forma parte del Pacto Verde Europeo, que pretende lograr la neutralidad climática en 2050, y que dedica cerca del 30 % del presupuesto comunitario a medidas contra el cambio climático. También responde a motivos geopolíticos: la necesidad de reducir la dependencia del gas ruso tras la guerra de Ucrania.

Payo recuerda que la idea original de estas políticas era reforzar la transición ecológica, pero en la práctica muchas veces el foco se ha desplazado hacia el crecimiento económico y la rentabilidad industrial. “Con el biogás está ocurriendo algo parecido a lo del biodiésel o los biocombustibles”, advierte Valladares. “Se empieza con una solución sostenible y se acaba generando otra burbuja económica que ignora límites ecológicos y sociales”.

Los dos científicos coinciden en que el problema no está en el biogás como tecnología, sino en la escala y el modelo de implantación: una energía pensada para ser local y circular —gestionando los residuos de un territorio— se está transformando en un negocio para grandes corporaciones que concentran producción y beneficios, externalizando los impactos.

El episodio concluye con una reflexión que va más allá del biogás y que toca el trasfondo del debate energético: “La transición ecológica no puede consistir solo en cambiar de combustible; tiene que cambiar la forma en que producimos, consumimos y pensamos la energía.”

Para Valladares y Payo, la solución pasa por un equilibrio entre innovación tecnológica, planificación territorial y justicia climática: aprovechar lo mejor de la ciencia sin repetir los errores del viejo modelo de desarrollo.

“El biogás podría ser parte del futuro energético sostenible”, resume Valladares, “si no volvemos a poner el negocio por delante del bienestar del planeta.”

 

Fernando Valladares
valladares.info
Doctor en biología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Director del proyecto "La Salud de la Humanidad"

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