Permanecer vivos en este planeta es cada día menos rentable para el sistema económico global. Por eso, tenemos ante nosotros una curiosa opción: apoyar la solvencia financiera y dirigirnos al colapso, o apoyar la solvencia planetaria aunque perdamos dinero. Datos y reflexiones en esta píldora sonora de Ciencia Vuelta.
Tanto se ha hablado del fin del capitalismo, de que hay que acabar con ese sistema socioeconómico basado en las leyes del mercado y en el crecimiento perpetuo, que da un poco de apuro anunciar que el fin del capitalismo podría estar antes de lo que pensamos. En estos meses, quienes están poco menos que certificando la defunción del capitalismo no son quienes lo hacen habitualmente. Las principales entidades aseguradoras del mundo concluyen que de seguir con la trayectoria climática actual colapsaría su sector, el de los seguros, y arrastraría consigo a todo el modelo capitalista de organización de la sociedad y la economía. Desde un ángulo muy diferente vienen a concluir lo mismo que cientos de miles de científicos y activistas climáticos llevan décadas denunciando. Quizá la congruencia de mensajes de tan variados orígenes tenga suficiente influencia para acabar con el capitalismo antes de que él acabe con nosotros.
Citando a Eduardo Martínez de la Fe: Laberinto tecnológico: ¿hilo de Ariadna o nuevo minotauro?
La IA emerge aquí como figura ambivalente. Mientras algoritmos predicen rutas de descarbonización óptimas, su desarrollo consume energía equivalente al consumo anual de países medianos. El dilema tecnológico refleja la advertencia de Heidegger cuando sugiere: la técnica no es buena ni mala; su esencia (Ge-stell) es el peligro mismo. Este "emplazamiento", que convierte glaciares, algoritmos y cerebros en recursos optimizables, es el mismo que nos impulsa a buscar salidas técnicas a crisis creadas por la técnica.


