Ante un modelo económico letal o ante un mar que devora costas, la retirada estratégica surge como la herramienta definitiva de supervivencia colectiva y adaptación proactiva. No se trata de rendirse, sino de reubicar comunidades e infraestructuras antes de que el caos climático nos obligue a una huida forzosa y desigual. Desde islas que desaparecen hasta urbes asfixiadas por la sequía y el calor, la ciencia exige un repliegue inteligente que abandone definitivamente la miopía del beneficio inmediato. Solo aceptando que el crecimiento infinito es una quimera podremos reagrupar fuerzas para construir una resiliencia real y madura.

