Cambios en el clima que ya veíamos venir, pero que no hicimos caso y seguimos sin hacer mucho para contrarrestar la aceleración del cambio y sus efectos cada vez más devastadores.
Constanza Cabrera en El País ha hablado con Fernando Valladares y más investigadores sobre este fenómeno ya advertido hace años por el propio Valladares y por Antonio Turiel entre otros científicos, las estaciones están desapareciendo, vivimos en otro clima. El artículo completo Las estaciones se difuminan y las olas de calor empiezan antes: esto es lo que dicen los científicos sobre el estiramiento del verano lo puedes leer aquí.
Las ciudades europeas parecen derretirse bajo el sol en agosto, para estupor de sus visitantes, pero el científico y divulgador
Fernando Valladares tiene la sensación de revivir la misma escena año tras año. El aire cálido pesa y la conversación se encamina, de manera inevitable, hacia lo mismo. Valladares dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, en Madrid. Siempre aparece allí alguien —un curioso con el ceño fruncido o un desconocido con la frente empapada de sudor— que le pregunta sobre el calor sofocante que envuelve al ambiente o sobre el tiempo incierto que ha dejado de obedecer al calendario. “Es como el día de la marmota”, murmura con la ironía de quien lleva demasiado tiempo contando lo mismo.
Él responde con la misma paciencia que lo acompaña desde hace tres décadas. En los noventa, aquellas dudas eran esporádicas, casi anecdóticas y acaparaban un par de páginas en los periódicos del pasado. Hoy, en 2025, son constantes y el reflejo del cambio climático, una realidad que nadie puede ignorar. La Organización Mundial de la Salud deja claras algunas de sus consecuencias: el calor extremo es responsable
de más de 175.000 muertes al año solo en Europa.
Ese calor, además de extremo, es más tempranero. Pero no se trata de que simplemente el verano empiece antes. Lo que ocurre, dice Valladares, es un desajuste profundo en los ritmos del clima, una alteración silenciosa que se arrastra desde hace mucho tiempo. El otoño, el invierno, la primavera y el verano ya no llegan cuando deberían. Se desdibujan. Los patrones climáticos se vuelven erráticos, con olas de calor en primavera, olas de frío en otoño, y límites difusos entre una estación y otra.
2024 se convirtió en el año más cálido jamás registrado y fue el primero en superar el límite de 1.5 grados de calentamiento por encima de los niveles preindustriales.
La duración del verano en el sur de Europa ha aumentado desde 1950 cerca de 20 días,
según un estudio publicado en la revista
Journal of Climate. Y en España, un análisis realizado por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirma lo que muchos ya perciben cuando caminan por las calles. Los veranos actuales son, en promedio, un mes más extensos que antes. “Todo esto es un efecto derivado de tener más energía en la atmósfera”, explica Valladares, que es investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esa energía extra está en el aire amarillo de las
calimas que, con frecuencia, cubren el cielo de Canarias o, también, en la
DANA de Valencia ocurrida en octubre de 2024. En aquella ocasión, Valladares no solo tuvo que explicar el fenómeno a medios y ciudadanos;
también se enfrentó a amenazas por hacer lo de siempre, divulgar.
A ello se suman las consecuencias devastadoras de los incendios forestales, que solo este año
han arrasado 358.000 hectáreas en España. Cada vez se registran más fenómenos meteorológicos extremos que afectan a un número creciente de lugares, alrededor del mundo, transformando paisajes y dejando a su paso comunidades al límite.
Fernando Valladares lanza una advertencia incómoda porque ciudades como Córdoba y Sevilla podrían ser inhabitables a mediados de siglo. Si no se toman medidas, como una mejor gestión del agua o prácticas agrícolas sostenibles, este proceso podría agravarse en los próximos años. El calor que se intensifica en el valle del Guadalquivir no da señales de detenerse.
Para Valladares y la abogada Karla Zambrano es crucial que la ciudadanía empuje y que haga sentir a los políticos la necesidad de tomar medidas a largo plazo. Estas medidas deben ser integrales y abordar aspectos legales, sociales, económicos y geopolíticos. Y exactamente lo mismo hay que hacer con el sector privado. “El primer desafío sería cambiar el modelo de producción y consumo”, plantea Zambrano tajante. Esto implica, según esta abogada, un modelo totalmente alternativo a la manera en que venimos viviendo. Significa incluso cuestionar hasta qué punto la humanidad está viviendo por encima de sus posibilidades.
Valladares concluye: El cambio climático demanda medidas humanas y políticas: “Hay una oportunidad histórica porque tenemos una sociedad con posibilidades de informarse como nunca. Los datos están ahí”, concluye Valladares.