Artículo publicado en EL ASOMBRARIO el 26 enero 2026 por Judit Alonso
La crisis climática sube al escenario para ampliar públicos

El científico y divulgador ambiental Fernando Valladares en ‘Zumo de remolacha’.
Su formato visual y su lenguaje coloquial hacen de las obras de teatro una herramienta de comunicación que apela a las emociones del público general. Por eso la crisis climática y medioambiental comienza a ser protagonista de numerosas funciones. Hacemos un repaso sobre el eco-teatro a través de compañías como Chèvere y La Calòrica, obras como ‘Zumo de Remolacha’ (con el aval de Fernando Valladares), ‘De qué hablamos mientras no hablamos de toda esta mierda’ y ‘Las tierras del mar’, y el ciclo ‘Temporada Verde’, de la sala madrileña Cuarta Pared.
Se abre el telón y cerca de una decena de paraguas negros se van abriendo en cadena. Una grabación de una retransmisión de radio suena. Podría ser el inicio de cualquier función, pero se trata de la puesta en escena de uno de los peores desastres ambientales que han sucedido en España: el hundimiento del barco de petróleo Prestige que causó la contaminación de kilómetros en la costa atlántica. Veinte años después del suceso, que bañó la costa gallega de chapapote en noviembre de 2002, la compañía gallega Chévere creó la pieza N.E.V.E.R.M.O.R.E, recuperando aquel Nunca Mais que quedó marcado para siempre en la memoria colectiva.
Aunque podría considerarse un hecho anecdótico, los temas vinculados al medio ambiente y a la crisis climática han ido haciendo sus pinitos en los últimos años, llevando el mensaje de temas especializados más allá de los medios convencionales.
Originada a partir de una reunión creativa de la compañía mallorquina La Calòrica, De qué hablamos mientras no hablamos de toda esta mierda parte de la aparición de una grieta de un edificio para tratar la importancia y la urgencia de la crisis climática. Mientras la comunidad de vecinos discute de qué manera pueden solucionar este problema, van apareciendo dilemas. “Nos dimos cuenta de que no tenía sentido criticar a la gente por su falta de conciencia climática y lo que teníamos que hacer era preguntarnos qué es lo que hace que todos conozcamos, en términos generales, la amenaza que nos asola, pero que no estemos haciendo nada para combatirla”, explica Joan Yago, uno de los fundadores de La Calòrica y autor de la pieza.
Por ello, la compañía empezó a interesarse por los sesgos cognitivos y los micro-negacionismos climáticos, a la par de llevar a cabo un abordaje político y de clase. “Lamentablemente, hay mucha gente que no se puede permitir ser ecologista: no puedes exigir a una persona que sale de trabajar a las diez de la noche que no compre productos envasados del supermercado”, agrega Yago.
Ambos espectáculos se montaron hace un par de años. Según Anna Giribet, directora artística de Fira Tàrrega , “hemos empezado a recibir un incremento de propuestas con mayor interés por el clima y el medio ambiente desde hace cinco años”.
Deshielo, incendios, sequías, reciclaje y especies en peligro de extinción son algunas de las temáticas que se han propuesto en formatos como obras de teatro, danza, circo, instalaciones. “En la red europea IN SITU, de la cual formamos parte, ha habido un aumento considerable de artistas de creación en el espacio público interesados en estas temáticas, sobre todo en países del norte de Europa como Dinamarca o Países Bajos”, apunta Giribet, recalcando la influencia de las subvenciones que puntúan positivamente el abordar dichas temáticas.
Sin embargo, para Matías Daporta, autor de Las Tierras del Mar, la principal dificultad es recaudar fondos y apoyos. “Estuve dos años moviendo el proyecto y tengo como 15 dosieres parecidos escritos y enviados a diferentes ayudas y oportunidades. La mezcla de ciencia y teatro no es muy atractiva, al menos no en un dossier; se siente muy formal y asusta a los programadores”, considera.
La falta de ayudas oficiales también obligó a los creadores de ’Zumo de Remolacha’ a recurrir a recursos propios y la contribución ciudadana, a través de una campaña de crowfunding, que ha sido clave para sacar esta iniciativa adelante.
“Nos planteamos cómo poder ayudar a difundir el mensaje y trabajo científico más allá de los papers y las conferencias, y decidimos que la cultura podría ayudar a divulgar la preocupación por la crisis climática”, explica Pep Giner, productor y presidente de la asociación cultural Cor de Terra, que asegura que “llevar la crisis climática fuera del mundo académico ayudará a reunir a más personas, sensibilizar y desmitificar el cambio climático”.
Uniendo ciencia y cultura
En el caso de Zumo de remolacha, aunque tardaron unos meses en definir el contenido de la obra hasta que se encontró un autor que escribiera el texto, desde el inicio la idea siempre fue que Valladares interpretara su propio papel. “El proceso de ensayo y trabajo ha sido enriquecedor tanto para Fernando como para el equipo creativo”, explica Giner subrayando el trabajo llevado a cabo por la directora, Isabel Martí.
El periodismo también se ha subido al carro de este formato para explicar problemáticas especificas ambientales a través del periodismo vivo, un espectáculo que presenta historias combinadas con performance musical. Por ejemplo, Diario Vivo, en coordinación con la revista Ballena Blanca, ha tratado la crisis ambiental del Mar Menor a través de la historia Misses y medusas, de Miguel Ángel Ruiz, periodista en La Verdad (de Murcia).
“Luego tuvimos como narrador a Alfonso Chico de Guzmán, que con 24 años regresó a una finca abandonada en Murcia, que su tatarabuelo había comprado, y desde entonces se dedica a regenerar esas tierras castigadas por los monocultivos y la desertificación”, explica Rommy Artigas, responsable de comunicación de Diario Vivo.
Pero no solo en España se está apostando por este formato para narrar la crisis ambiental y climática. Por ejemplo, en Alemania, las organizaciones Headliner y CORRECTIV se han aliado para producir JIVE Klima, un espectáculo en el que las soluciones que se están implementando en Alemania y varias ciudades europeas frente la crisis climática suben al escenario. “Centrarnos en las ciudades nos permitió hablar del cambio climático no como un problema global abstracto, sino como algo que influye directamente en la vida cotidiana, y como un espacio donde se pueden probar y replicar soluciones de manera realista”, explica Christine Liehr, cofundadora de Headliner, apuntando a la intersección visible del calor, la movilidad, la vivienda, la energía y la desigualdad social en los espacios urbanos.
“Los informes sobre el clima suelen basarse en terminología técnica y modelos abstractos, lo que puede crear fácilmente distancia. Nuestro objetivo no era simplificar en exceso, sino traducir la complejidad en claridad, utilizando ejemplos concretos, narrativas sólidas y actuaciones en directo”, recalca Liehr. Por ello, en medida de lo posible, los reporteros recurren a experiencias personales que se combinan con imágenes impactantes y música en directo. “Esto crea una experiencia muy cercana sin sacrificar la profundidad”, asegura la cofundadora de Headliner.
El poder de la colaboración
Además de estas iniciativas, se han creado ciclos especializados. Temporada Verde es un ciclo teatral enfocado al medio ambiente y la crisis climática que se está llevando a cabo desde el pasado noviembre en la Sala Cuarta Pared de Madrid con los montajes Solarpunk, Animales en apnea y Viernes I’m in Love.
“La idea surge a partir de constatar que la emergencia climática está poco presente en escena y que merecía la pena poner el foco en algo que tendrá tanta transcendencia en el futuro”, explica Javier G. Yagüe, director artístico de la Sala Cuarta Pared. Por ello, durante la temporada 2023-2024, el Espacio de Teatro Contemporáneo (ETC) de la Sala Cuarta Pared lanzó una convocatoria para un laboratorio de creación de obras focalizadas en crisis climática. “Constatamos que es algo que preocupa, sobre todo a los autores más jóvenes”, dice el también impulsor del ETC.
Más de un centenar de propuestas respondieron a la llamada, de las que se seleccionaron una quincena. “A la hora de elegir las propuestas hemos decidido optar, más allá de la calidad de los proyectos, por aquellas propuestas más esperanzadoras, aquellas que pudieran compensar la avalancha de noticias apocalípticas relacionadas con este tema”, puntualiza Yagüe.
En una primera fase se llevó a cabo una serie de encuentros con científicos expertos en la crisis climática, entre ellos Fernando Valladares, quienes les animaron a ello. “Se ha intentado que las propuestas penetrasen más por lo emocional, ya que los datos y estadísticas ya se tratan desde el ámbito científico, pero hace falta aterrizarlo en historias concretas que puedan generar empatía y movilizar más a la gente”, argumenta el director artístico de la Sala Cuarta Pared.
Esta no es la única cooperación de este tipo. “Sin la colaboración, difícilmente podremos hacer frente a retos tan complejos”, sentencia Israel Rodríguez-Giralt, investigador del Internet Interdisciplinary Institute de la Universitat Oberta de Catalunya y artífice del ciclo Planeta Persona. Los límites de la crisis climática , organizado por la UOC y la sala Beckett en Barcelona.
“La combinación de arte, ciencia y pensamiento es imprescindible para ensanchar los límites con los que afrontamos la crisis climática”, afirma el investigador, recordando que el ciclo surgió a partir de la colaboración de ambas instituciones para interrelacionar teatro, ciencia y pensamiento. En este sentido, el objetivo era “aprovechar dos formatos diferentes, uno más teatral, otro más reflexivo, para activar el pensamiento y el debate público y a la vez, aprovechar esta confluencia para ofrecer una mirada diferente sobre la crisis climática”. Todo ello abriendo puntos de fuga, de reflexión, de pausa e interrogación para generar otras imágenes, narrativas, voces y debates sobre la crisis climática.
Planteado para que ayudar a pensar una situación límite, pero también a repensar los límites desde los que pensamos esta situación, se han llevado a cabo debates vinculados a tres grandes retos. “Uno de los primeros retos es conjurar el miedo y evitar que la magnitud del problema nos arrastre a la desesperanza, el fatalismo o la resignación”, explica Rodríguez-Giralt, poniendo en valor la imaginación, la inventiva y la esperanza que aportan diferentes formas de activismo ante la crisis climática. “El segundo reto que tenemos es que la urgencia, la necesidad de acción, no nos anule la posibilidad de pensar, de hacernos preguntas y dudar”, prosigue el comisariado apuntando a una sesión dedicada a pensar los límites de conceptos como crisis climática, catástrofe, colapso o extinción. “Finalmente, hemos querido poner el foco en las sociedades no humanas con los que compartimos planeta.
Emociones que generan conversaciones
“Los conflictos dramáticos e incluso el humor hacen que las preguntas alrededor de la emergencia climática resuenen con más fuerza en el interior de cada uno, que la conexión con el escenario no sea solo a nivel cerebral, sino que emocionalmente nos veamos afectados”, considera el director artístico de la Sala Cuarta Pared que confía en que Temporada verde “hará que la gente dedique algo más de su tiempo a reflexionar sobre ello; esperamos que deje una huella emocional que perdure en el tiempo”.
El componente emocional es clave en JIVE Klima. “Nos basamos en la actuación, el ritmo y la tensión narrativa para involucrar al público emocional e intelectualmente. Este enfoque ayuda a llegar a personas que quizá no busquen activamente contenidos sobre el clima y las invita a participar en el debate de una manera más accesible y participativa”, argumenta Liehr, satisfecha de la respuesta de la audiencia, ya que “el nivel de atención se mantuvo alto durante todo el espectáculo y observamos muchas conversaciones posteriores”.
En La Calòrica también están satisfechos de haber aportado su parte “para mantener viva la conversación”. Así, Yago confía en que la pieza “haya dotado a los espectadores de algunos argumentos para defenderse de una tendencia negacionista o le haya ayudado a visibilizar sus propios micronegacionismos”.
Autores, productores, programadores… Todos aportan, desde su parcela, para mantener viva la conversación alrededor de la crisis climática y ambiental. Para la directora artística de Fira Tàrrega, que funciona como un mercado, “si alguna de estas piezas en formato teatro, instalación, danza y circo aborda efectos del calentamiento global y llega a los municipios será otra manera de contribuir al debate y al imaginario de nuestra sociedad actual”.

