Ante una emergencia global como la pandemia es comprensible que busquemos atajos y desarrollemos conspiranoias. Entre los atajos circula el CDS (algo que no es sino lejía diluida) como cura para el COVID-19, cuando la FDA de USA o nuestro ministerio de sanidad indican que es, de hecho, peligroso para la salud. Entre las teorías de la conspiración destaca la de que China ha producido el coronavirus en sus laboratorios para acabar con la economía occidental. Independientemente de su valor para un guion cinematográfico, la ciencia ha demostrado que el coronavirus actual es de origen natural y ha descartado su síntesis o manipulación humana. Es lógico, pero peligroso, inventar medicinas cuando aún no las ha probado la ciencia y es muy duro encajar que estamos encerrados en casa por nuestra culpa, que ni los chinos ni el murciélago tienen la culpa.
