Vivimos tiempos complejos donde es más importante que nunca ser capaz de reconocer equivocaciones y aprender de un mundo en constante y rápido cambio. Las crisis ambientales, económicas o sanitarias polarizan los asuntos políticos, científicos, sociales y éticos, generando posiciones radicales y difíciles de conciliar. El estudio de Rollwage y colaboradores (Current Biology 2018) demuestra que las personas de pensamiento radical tienen menor sensibilidad metacognitiva, es decir, mantienen la misma convicción cuando están en lo cierto que cuando están equivocados. Por suerte, esta sensibilidad metacognitiva no es fija, se puede entrenar. Pero hay que querer hacerlo. ¿Cómo se lo explicamos a los más radicales?
