Desde hace algunos años estamos ganando conciencia de haber llenado la tierra y el mar de plásticos. Sabemos que hay plásticos hasta en las cumbres del Himalaya, en el desierto del Sahara, en la Antártida, en los fondos marinos abisales y también en nuestros intestinos y en todas nuestras vísceras y órganos. Ahora sabemos que por su injerencia en el medio ambiente y en su funcionamiento a gran escala, los microplásticos se han convertido en un motor de cambio global por derecho propio.
