La ecología del miedo nos enseña que el predador regula a la presa mucho mas por miedo que por predación. Se ha visto con lobos y ciervos, con tiburones y tortugas marinas, y con los grandes felinos de la sabana africana y todas sus presas. La mera presencia del predador induce cambios en el comportamiento de las posibles presas que son mucho mas importantes que los relacionados con los pocos animales que llega a cazar. Este cambio de comportamiento por miedo al predador actúa en cascada afectando procesos ecosistémicos como la productividad, la regeneración del suelo y la vegetación, la coexistencia entre especies y la capacidad del ecosistema de secuestrar carbono y mitigar el cambio climático. No hay gestión humana que pueda replicar todos estos efectos.
