Hay que aprovechar la potencia de las emociones positivas para lograr el cambio de conducta que necesitamos ante la crisis ambiental. Es un desafío para científicos, técnicos y comunicadores del cambio global, pero merece la pena esforzarse. Las emociones positivas según Fredrickson (2004): a) amplían la atención y el pensamiento de las personas, b) deshacen la excitación emocional negativa persistente, c) alimentan la resiliencia psicológica, d) desencadenan espirales ascendentes hacia un mayor bienestar futuro, y e) favorecen el florecimiento humano. ¡Justo lo que necesitamos ante las grandes crisis globales!
