La rápida propagación mundial de la COVID-19 muestra la vulnerabilidad de la humanidad a las pandemias de enfermedades zoonóticas. El cambio del uso del suelo es el principal impulsor de la propagación de patógenos zoonóticos a las poblaciones humanas. Como indican Plowright y colaboradores (2021, The Lancet vol 5 abril) hay que prestar más atención a los mecanismos de la cascada de infección y propagación de los patógenos zoonóticos. Ello permite proteger la inmunidad de paisaje, es decir las condiciones ecológicas que reducen el riesgo de propagación de los patógenos desde los reservorios, como una prioridad de conservación y seguridad sanitaria desde la escala local a la mundial.
