La desinformación climática no surge espontáneamente sino que se difunde activa y organizadamente. Investigaciones recientes han identificado las fuentes y los mecanismos que subyacen a la difusión de forma organizada de la desinformación a través de redes bien financiadas (Farrel y colaboradores 2019 Nature Climate Change 9). Por ejemplo, sólo en EE.UU. los ingresos de los grupos de reflexión (think tanks) implicados en la desinformación climática alcanzaron los 900 millones de dólares anuales entre 2003 y 2010. La publicación en las últimas dos décadas de libros y documentos escépticos sin evaluación externa estuvo impulsada en un 90% de los casos por grupos de reflexión conservadores. La financiación por filántropos norteamericanos ha sido notable, llegando a aportar más de 2.000 millones de dólares a grupos de presión del Congreso norteamericano en relación con la legislación sobre el cambio climático, que se invirtió principalmente en legisladores con un historial anti-ambiental.
