Hay al menos dos cosas que no queremos que lleguen a nuestro cerebro: sustancias tóxicas inflamatorias y virus. Borisova y Komisarenko (2020, Environm. Science & Pollution Research) muestran que ambas cosas no solo llegan sino que interaccionan y agravan los síntomas. Las micropartículas (PM) de contaminación agravan los síntomas neurológicos del SARS-CoV-2 y viceversa, debido a su idéntico mecanismo de transmisión de la nariz al cerebro y a la posible interferencia de los efectos neuronales. La capacidad de las partículas de interactuar con las membranas plasmáticas de las células nerviosas puede facilitar la entrada inespecífica del SARS-CoV-2 en las células y pueden influir en las características de la envoltura del SARS-CoV-2.
