La conversión de hábitats naturales en ecosistemas agrícolas o urbanos incrementa el riesgo de enfermedades infecciosas de origen animal (zoonosis) en los seres humanos. Gibb y colaboradores (Nature 5 agosto 2020) encontraron en un amplio estudio mundial que la fauna salvaje que hospeda patógenos y parásitos transmisibles a los seres humanos es más abundantes en ecosistemas secundarios, agrícolas y urbanos que en los hábitats no perturbados cercanos. El efecto fue más claro en aves, roedores y murciélagos, lo que concuerda con su importancia como reservorios de zoonosis.
