Los fragmentos grandes y continuos de muchos ecosistemas cumplen más funciones ecológicas que los fragmentos pequeños. Por ello han sido los objetivos prioritarios de conservación. Sin embargo, los fragmentos pequeños tiene mucho valor, por ejemplo como conectores. Fahrig (Global Ecol Biogeogr. 2020;29) demuestra que, con sorprendente frecuencia, muchos fragmentos pequeños almacenan más especies que unos pocos fragmentos grandes que sumen el mismo área total. Esta segunda razón para poner también el foco de la conservación en los fragmentos pequeños se debe a su mayor probabilidad de incluir por azar más especies. Esto se aplica en especial a hábitats heterogéneos (con muchos micro-hábitats) y ante especies de distribución agregada
