Mediante la generación de un “paisaje del miedo” el lobo regula el comportamiento de sus presas y reduce el número de ellas que son atropelladas, generando unas carreteras más seguras. Raynor y colaboradores (2021, PNAS 218) muestran que la reintroducción del lobo en el norte de América redujo los atropellos de ciervos en un 24%, disminuyendo accidentes y generando unos beneficios 63 veces mayores que los gastos económicos.
Este papel no puede ser replicado por cazadores humanos porque la mayor parte del efecto no fue debido a la regulación de la abundancia del ciervo sino a cambios en su comportamiento inducidos por la presencia del lobo.
