Casi 60.000 embalses en todo el mundo habrán pasado ya su periodo de vida útil, es decir, estarán viejos, para 2050 como muestra un informe del INWEH. Lo peor es que, además, están especialmente amenazados por el cambio climático. No hay dinero ni una estrategia global para mantener estas grandes infraestructuras que ponen en grave riesgo a millones de personas. Lo mismo cabe decirse de muchas instalaciones portuarias con mares embravecidos y grandes puentes y rascacielos con vientos huracanados. La primera decisión pasa por detener la construcción de los miles de grandes infraestructuras que no podremos mantener. La segunda pasa por ir demoliendo las viejas de forma segura. Parece drástico, pero las medias tintas conllevan graves riesgos y adolecen de poco realismo.
