Ni si quiera un país “modélico” como Finlandia se libra de la trampa mortal de hacer negocio con la salud. Desde 1940, todos los Estados han sucumbido a la presión de las grandes industrias farmacéuticas y han adoptado el modelo actual de financiación basado en patentes. Este modelo antepone los beneficios económicos a la salud pública. Este modelo se traduce cada año en millones de muertes evitables. Finlandia tenía lista una vacuna contra la Covid-19 en 2020. Una vacuna sin patentes que requería un inversión entre 10 y 100 veces menor a la que recibieron las corporaciones Pfizer y Moderna para pasar a fase III y poder ser aprobada. Se optó por apoyar el negocio de las grandes empresas. Con ello hemos pagado muy caro y por segunda vez una vacunación lenta que no logra detener en seco la pandemia. Debemos cambiar. Hay grandes riesgos de nuevas pandemias.
