Todos hablamos de la importancia de ser solidarios y colaborar para salir de esta pandemia. Sin embargo, la pandemia del sida en los años 80 y 90, la crisis económica de 2008 o la epidemia de Ébola en 2016 no despertaron solidaridad y colaboración unánimes. Ahora esta pandemia golpea sin distinguir de razas, orientaciones sexuales ni estatus económico y lo hace con fuerza, rapidez y gravedad extremas. La respuesta colectiva ahora no es solo solidaridad, implica puro miedo. Nos hemos criado bajo un marco individualista y nuestras reacciones son individuales, tanto en el día a día como ante los grandes desafíos como el cambio climático y las pandemias. Si nos unimos ahora es por miedo coyuntural. Debemos aprovechar el confinamiento para convencernos de las ventajas reales de colaborar y no olvidarlo cuando el COVID-19 pase.
