Quizá hubo un tiempo en el que “los demás” y la violencia suponía el peligro principal y había que defenderse de ello. Ahora el peligro más inminente es el cambio climático y la cascada de crisis (sanitaria, social, económica) asociadas a un modo de vida no sostenible. Alimentando ejércitos propios y ajenos nos protegemos ante lo que menos nos amenaza. Es hora de redirigir el gasto en defensa hacia las auténticas amenazas. Cambiando las prioridades, las cuentas dan. Un artículo en Nature del 20 de agosto por Denise García lo muestra. Ahorrando gasto militar llegamos de sobra a cubrir los gastos de alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y para implementar el acuerdo de Paris y contener el cambio climático. De hecho el gasto militar no reduce sino que perpetúa e incluso incrementa el coste económico de la violencia en todos los países del mundo.
