De los combustibles fósiles siempre nos acordamos por el efecto invernadero que producen al quemarlos, por el cambio climático que nos trae olas de calor, incendios, inundaciones… Pero los combustibles fósiles hacen mucho más daño que eso. El carbón, el gas pero sobre todo el petróleo que seguimos quemando en cantidades astronómicas nos envenena desde que nacemos hasta que morimos. Bueno, incluso antes de nacer ya que la epigenética y la conexión madre-feto hacen que ni bien somos una pequeña colección de células, ya estamos afectados por estos gases.
El martes 16 de septiembre se ha publicado un minucioso informe al respecto del impacto en nuestra salud de los combustibles fósiles titulado precisamente “Desde la cuna a la tumba” realizado por la Global Climate and Health Alliance (Alianza por el Clima Global y la Salud, GCHA), una confederación formada por más de 200 organizaciones cuyos miembros representan a más de 46 millones de trabajadores sanitarios en 125 países.
El informe recopila resultados de muchos ámbitos de la medicina, con un enfoque de salud planetaria y One Health (una salud) que enfatiza las estrechas conexiones entre nuestra salud y la de animales, plantas y ecosistemas.
Los impactos sobre la salud humana de los combustibles fósiles incluyen un mayor riesgo de bajo peso al nacer, cáncer infantil, asma, trastornos neurológicos, enfermedades cardiovasculares y muerte prematura, entre otros muchos. No se limitan a la polución atmosférica o la contaminación que producen vertidos petrolíferos. Teniendo en cuenta todas las fases del ciclo de vida de los combustibles fósiles, el cuerpo humano se ve negativamente afectado por estos siempre, desde que nace o incluso antes, incluyendo patologías en el periodo prenatal, hasta mucho tiempo después de que desaparezcamos y de que se quemen estos combustibles.
Pueden dañar “todas las partes de nuestro cuerpo”, Hay muchas evidencias que relacionan esta contaminación con el cáncer. obviamente de pulmón, pero también de boca, de piel, de estómago, de riñón, de próstata, de tiroides y de colón.
No todos los riesgos son inmediatos, pues algunas de las peores cosas pueden tardar mucho tiempo en manifestarse, como la enfermedad de parkinson, que se desarrolla 20 años después.
Hay numerosas "zonas de sacrificio”, territorios donde las altas tasas de polución incrementan las ratios de enfermedades respiratorias, cáncer o problemas cardiovasculares. Es el caso del Cancer Alley, el callejón del cáncer, en Louisiana, el corredor en torno al río Misisipi que concentra el 25% de la producción petroquímica de Estados Unidos.
El documento incluye ocho recomendaciones para frenar todas estas problemáticas
Empezando por detener la expansión de los combustibles en origen: vetando nuevas exploraciones en el subsuelo y su desarrollo.
La eliminación del apoyo a esta industria es otro de los puntos. Esto incluye el fin de los subsidios —ya sean directos e indirectos—, de las exenciones fiscales y cualquier apoyo financiero con el fin de alinear a las instituciones globales con las metas climáticas.
La limpieza de los territorios degradados bajo el principio de quien contamina paga.
Contrarrestar la desinformación esparcida por esta industria en su propio beneficio, regulando para que esta no pueda emitirse impunemente.
Un liderazgo audaz por parte de los gobiernos, la sociedad civil, las empresas y la comunidad sanitaria mundial para una rápida transición y el abandono de los combustibles fósiles, priorizando la salud pública, la seguridad, al estabilidad del sistema sanitario, la justicia social y la sostenibilidad ambiental”.


