En pocos días se cumplirá un año de la DANA y aun sin noticias de una reconstrucción profunda y real.
La dimisión de Carlos Mazón y su gobierno lleva meses siendo urgente. Enésima manifestación el 25 de octubre en Valencia. Negacionismo e irresponsabilidad convierte un evento extremo en catástrofe.
El evento extremo de la DANA de Valencia de 2024 se explica por una combinación de factores interrelacionados, realmente es una DANA de libro, peor, en un escenario de cambio climático que prevé que este evento extremo sea todavía más frecuente, intenso y extenso. Ya estamos viviendo los fenómenos extremos torrenciales persistentes en 2025 en la península.
Las precipitaciones extremas persistentes fueron uno de los principales desencadenantes de la DANA del 29 de octubre de 2024. Lluvias torrenciales de hasta 800 litros por metro cuadrado en solo 4 horas provocaron crecidas rápidas y devastadoras, saturación del suelo y acumulaciones de agua de hasta 6 metros en zonas previamente secas.
En una DANA como esta la gasolina es el aire cálido, cada vez más cálido y húmedo por el calentamiento global, el motor es lo que pasa en niveles altos de la atmósfera, entre 5 y 6 kilómetros. Vemos que el cambio climático también está influyendo ahí -llevamos cuatro años viéndolo- en las capas altas. Y en la DANA 2024, justo en Valencia, observamos que realmente hubo dos episodios. El de la mañana que destroza la zona de Utiel donde vemos sistemas tormentosos convectivos más o menos clásicos. Y a partir de las 4 de la tarde hay una inyección de energía tremenda a niveles altos, esas casi 4 horas fatídicas. Esa energía hace crecer los grandes cumulonimbos de la zona del Barranco del pollo y es lo que en definitiva crea el peor problema. Ese sistema convectivo tormentoso que ya estaba se dispara totalmente. Es claro que no estamos preparados para esta nueva generación de DANAS como la de Valencia o la DANA de 2023 de Toledo y suroeste de Madrid con unas intensidades que nunca se habían visto en esa zona, en la comarca de La Sagra por ejemplo.
Además, en Valencia se produjeron fallas en las alertas tempranas, en los protocolos y en la planificación preventiva. La Generalitat de Valencia y su presidente Mazón no estuvieron ni mucho menos a la altura de las terribles circunstancias. Por la particularidad de este tipo de fenómenos donde la precisión está limitada tanto por los modelos como por los comportamientos físicos “caóticos” de este tipo de frentes que se alimentan de la energía disponible, del calor de las aguas mediterráneas, no es posible prever con un día de antelación, ni siquiera con suficientes horas el punto exacto donde va a caer -y mantenerse la lluvia torrencial.

Por un lado, la precisión de los modelos es de unos diez kilómetros, la mejor, y por otro la meteorología está influida por el clima que ha cambiado, el meteorólogo José Miguel Viñas explicó que falta investigación y que hay que reajustar los modelos al nuevo clima que ya se ha implantado. Cabe pensar en cualquier caso que mientras afinamos los modelos de simulación meteorológica que se usan para la predicción debe prevalecer el principio de precaución en todas las actuaciones y la responsabilidad institucional.
Abundando en ello. Los avisos se emitieron a las 7:36 de la mañana, se desoyó el aviso rojo previamente anunciado por AEMET, y la Generalitat Valenciana no había tomado las medidas de precaución correspondientes, y tardó en reaccionar mucho tiempo, muchísimo, dadas las circunstancias. El presidente Mazón y otros Consejeros sabían de la "alerta hidrológica", incluso en la zona más afectada, y tranquilamente se fue a darse una opípara y larga comida en "El Ventorro".
El sistema de alertas fue bastante peor: en muchas áreas, la información no llegó a toda la población hasta las 8 de la tarde, cuando las precipitaciones críticas ya habían pasado y la mayor parte de la destrucción y muertes se había producido. La emisión de estas alarmas las deben efectuar las autoridades competentes.
Si se hubieran tenido en cuenta, por parte de las autoridades, como hubiera sido lo normal, como se está haciendo en otoño de 2025, los avisos y predicciones meteorológicas, con al menos un día de antelación esto habría permitido tomar decisiones preventivas y dar instrucciones claras a los municipios, como la suspensión de clases en escuelas, universidades y centros de formación; la parada de actividades en empresas e industrias; la adaptación del transporte público; el refugio en zonas más altas; evacuar residencias de ancianos; y la recomendación de evitar vehículos privados. La falta de planes preventivos integrados dejó a la población sin claridad sobre cómo actuar, lo que agravó el impacto del evento. Hay que recalcar que ciertas instituciones y empresas que aplicaron el principio de precaución sí avisaron el día anterior como la Universidad de Valencia y la Universidad Politécnica de Valencia suspendiendo las clases, la embajada de Japón o la aseguradora Allianz entre otros muchos casos puntuales. No así La Generalitat Valenciana.
A esto se sumó la deficiencia en la señalización de zonas inundables. Áreas residenciales completas, incluidas residencias de ancianos, estaban ubicadas en zonas de alto riesgo sin una identificación adecuada. La población desconocía el grado de vulnerabilidad. Es realmente sorprendente como estas generaciones han vivido en una especie de amnesia al riesgo, en un estado de asunción inconsciente del riesgo, pero sobre todo los responsables políticos que han permitido la construcción de todas estas infraestructuras y viviendas en zonas inundables.
Otro factor importante fue la carencia de una planificación urbanística integral. El mapa de la lámina de inundación que hizo en su momento el Observatorio de Sostenibilidad y análisis posteriores demuestran que un alto porcentaje de viviendas afectadas se construyeron a partir del año 2000 en la zona inundada. La planificación se ha realizado principalmente a nivel municipal, sin una visión coordinada a escala comarcal. La ausencia de estrategias integradas limita la capacidad para gestionar de forma efectiva los riesgos asociados a fenómenos climáticos extremos.
Finalmente, el cambio climático desempeñó un papel central. Un mes de agosto anormalmente cálido creó condiciones que exacerbaron la intensidad de este evento extremo como han señalado Climameter y el World Weather Attribution. Es urgente implementar medidas de adaptación y mitigación para enfrentar el cambio climático y evitar muertes como las de la DANA de Valencia de 2024 de hace casi un año.


