Artículo publicado en CTXT (CONTEXTO Y ACCIÓN) el 19 de diciembre de 2024
Autores: Juan Bordera / Antonio Turiel / Fernando Valladares / Alejandro Pedregal
Hannah Ritchie, divulgadora de referencia de Gates y Musk, ofrece “soluciones” al paradigma emergente del decrecimiento, que cuestiona calificándolo de “innecesario”

Hannah Ritchie, durante su charla TED. / YouTube (TED)
Las personas que seguimos con desasosiego la situación climática del planeta Tierra sabemos que, en el mejor de los casos, el punto de no retorno está muy cerca. Es física básica, en realidad. El balance radiativo de la Tierra está aumentando exponencialmente por las emisiones de gases de efecto invernadero y por el deshielo creciente, dos fenómenos que se realimentan.
Se acaba de registrar el récord de extensión mínima de hielo tanto en el Ártico como en el hielo marino global para estas fechas. Mientras, James Hansen, uno de los científicos del clima más respetados por su trabajo, advierte de que los modelos han estado infraestimando la situación por no tener en cuenta el efecto de los aerosoles –que estamos retirando– en la temperatura oceánica. Pero saber todo esto no nos desanima; al contrario, nos empuja para actuar aún con más convicción. Quizá porque sabemos que esto no va de ganar o perder, sino de cuánto de lo uno y de lo otro. De qué porcentaje podemos salvar. No es una disyuntiva binaria made in Hollywood en la que, o salvamos todo lo construido, o lo perdemos todo al final de la película. Lo que nos desanima es más bien el exceso de optimismo que se desprende de la mayoría de las propuestas y análisis de la situación, que convenientemente omiten los detalles anteriores, generando una parálisis tranquilizante que lo acaba inundando todo y a (casi) todos.
Decía el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que la humanidad estaba abriendo las puertas del infierno con la dejadez respecto al caos climático. Y en la periferia de la ciudad de Valencia acabamos de comprobar cuánta razón tenía. Sintiéndolo mucho, las posibilidades de más eventos catastróficos van a aumentar en los próximos años, especialmente en lugares como el mar Mediterráneo, que está 4ºC por encima de la temperatura esperable para esta época del año.
Los patrones de estaciones, de corrientes atmosféricas y marinas, se están desestabilizando, y seguirán haciéndolo mientras nos mintamos sobre las dos cosas más cruciales de este reto planetario: la dimensión del problema y las “soluciones” que hemos ingeniado para frenarlo. Con esas mentiras nos medicamos la ansiedad creciente y, sobre todo, toleramos mejor el no estar actuando en consecuencia.
Además de enfrentar a negacionistas de la realidad y de la ciencia más elemental, también tenemos que enfrentar que una buena parte de la gente, que comprende el caos climático que ya hemos generado, prefiere mentirse antes de asumir que muy probablemente no haya solución de tipo técnico. Y es que eso les deja desnudos ante una realidad dura de tragar: no hay solución dentro de la búsqueda de crecimiento perpetuo del mismo sistema capitalista que generó el problema.
Cuando la élite empieza a venderte optimismo, tiembla
Un caso flagrante de “optimismo de la conveniencia” nos lo ofrece Hannah Ritchie, autora de Not the end of the world y divulgadora de referencia de Bill Gates y Elon Musk, que la financian abiertamente, como ella misma reconoce en esta entrevista en la que la periodista Rachel Donald la desmonta punto por punto. Su trabajo ofrece todo un despliegue de “soluciones” que, según ella, ya existen, como contrapeso al paradigma emergente del Decrecimiento, que cuestiona insistentemente calificándolo de “innecesario: no solucionará nuestros problemas”.
Recientemente se ha viralizado un vídeo breve en el que Ritchie condensa parte de su conveniente discurso: como ha habido soluciones técnicas en el pasado a problemas graves, afirma, seguro que las habrá por siempre jamás. Añádanle unas cuantas tergiversaciones aderezadas con medias verdades sobre logros en descarbonización y desacoplamiento entre emisiones y crecimiento económico, sin mencionar que los pocos países que algo han logrado, lo han hecho deslocalizando sus industrias mientras las emisiones globales siguen creciendo, y ya está. Ya tienen su receta optimista para todos los públicos que puede venderse en cualquier medio respetable sin ser cuestionada.
Sus estadísticas son toda una fantasía: se apoyan sobre períodos muy extensos sin tener en cuenta que ha sido precisamente en los últimos 20 años cuando las cosas han empezado a torcerse más seriamente.


