Artículo completo publicado en Telos el 11 de mayo de 2026 en el número 159 de la revista.
Europa quiere convertirse en el primer continente climáticamente neutro para 2050, ¿es un objetivo alcanzable?
El reciente paso de la “preocupación científica” a la “polarización política” por el cambio climático amenaza la viabilidad de los objetivos climáticos establecidos por el Pacto Verde Europeo. La reconciliación entre democracia y clima exige una política que valide las preocupaciones de los ciudadanos sin sacrificar las evidencias científicas.
Lograr la neutralidad climática en 2050 es el objetivo que define la estrategia medioambiental de la Unión Europea (UE). Y, para ello, se apoya en el Pacto Verde Europeo (Green Deal), un conjunto de leyes e iniciativas que proponen transformar la economía hacia la sostenibilidad, descarbonizando sectores como la energía, el transporte y la agricultura, a la par que se reducen las emisiones según un calendario realista pero exigente. Una estrategia ambiciosa y muy necesaria que requiere un notable esfuerzo colectivo, especialmente a corto plazo.
Antes de que Europa se proclame primer continente climáticamente neutro, debería alcanzar dos metas intermedias: la reducción neta de emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con 1990 de al menos un 55 % para 2030 (medida conocida como Objetivo 55), y de un 90 % para 2040.
Antes de que Europa se proclame primer continente climáticamente neutro, debería alcanzar dos metas intermedias
Pues bien, pese a que hasta ahora la descarbonización europea avanzaba a buen ritmo (la reducción de emisiones alcanza el 37 % en 2025 respecto a la referencia de 1990), el futuro inmediato se dibuja bastante sombrío. ¿La razón? El auge en toda Europa de los movimientos populistas, especialmente de extrema derecha y de grupos que pueden englobarse bajo el “ecofascismo”.
El clima político
Se trata de movimientos que se oponen a las políticas climáticas tildándolas de elitistas, además de perjudiciales para las industrias nacionales y para la estabilidad económica y social. Los partidos con agendas nacionalistas, antiinmigración y escépticas con respecto al clima están ganando fuerza en toda Europa. En sus discursos se refieren a la acción climática como una amenaza existencial para la identidad nacional y la soberanía económica.
Los partidos conservadores y de extrema derecha en Europa se oponen a la transición y prometen a sus votantes “defender las industrias tradicionales de altas emisiones”. Al identificar los impuestos verdes como “el enemigo a batir”, políticas verdes como la fijación de precios al carbono corren el riesgo de ser percibidas como injustas para los consumidores y para las economías vulnerables.
El paso de la “preocupación científica” a la “polarización política” por el cambio climático redefine la viabilidad de los objetivos climáticos establecidos en Europa. Ya no solo tiene peso la eficacia regulatoria, sino también la capacidad de resistir a una desinformación financiada y planificada que desplaza el debate de los datos científicos hacia las identidades, las ideologías y las emociones. Esta metamorfosis comunicativa deliberada puede fracturar el consenso científico y técnico construyendo una narrativa de resistencia.
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