Jornada 1. ConCiencia2 por el Clima 2025 en el Antiguo Instituto de Gijón. Desarrollo, economía y estado del bienestar en el contexto del cambio global. Intervención de FERNANDO VALLADARES
Fernando Valladares, científico del CSIC y divulgador ambiental, ofreció una conferencia en el encuentro ConCiencia2 por el Clima 2025, moderado por la periodista y divulgadora Lorena Sánchez, Cátedra de Cambio Climático de la Universidad de Oviedo, en la que retrató la crisis climática como una amenaza sistémica que desborda el calentamiento global y alcanza de lleno a la economía, la política y la salud de las democracias. A partir de los incendios y olas de calor del último verano, el investigador dibujó un diagnóstico tan inquietante como claro, para terminar proponiendo una respuesta basada en ciencia, ciudadanía activa y cambio de modelo económico y cultural.
En la primera parte de su intervención, Valladares utilizó los incendios forestales y la ola de calor extrema recientes como ejemplo de la nueva normalidad climática. Subrayó que estudios de atribución muestran que episodios de este tipo son ahora muchísimo más frecuentes e intensos debido al calentamiento global, y que fenómenos que antes se esperaban cada muchos siglos pueden repetirse ahora en cuestión de años. No se trata de “un verano más caluroso”, insistió, sino de una alteración profunda de la estadística del clima con consecuencias muy concretas en forma de muertes, desplazamientos forzosos y daños económicos.
A partir de ahí, el científico amplió el foco y explicó que el cambio climático no es solo una cuestión de grados de temperatura o litros de lluvia, sino un entramado de efectos en cascada: desplazamientos masivos de población, aumento de enfermedades infecciosas, tensiones por el agua, desigualdades crecientes, fragilidad de los estados y erosión de las instituciones democráticas. Citó trabajos recientes en los que especialistas en ciencias sociales y humanidades advierten de que la degradación ecológica y social no es solo consecuencia del modelo económico actual, sino en cierto modo condición de su funcionamiento: generar desconfianza, confusión e inseguridad facilita la extracción de recursos sin límites ni escrúpulos.
Valladares dedicó una parte central de la charla a mostrar cómo la crisis climática está desbordando al sistema económico dominante. Recordó que las grandes compañías aseguradoras ya han empezado a retirarse de zonas de alto riesgo, dejando sin cobertura a cientos de miles de personas, y que sus propios directivos reconocen que el cambio climático es “demasiado arriesgado para asegurar”. Esa retirada compromete al conjunto del sistema financiero —hipotecas, créditos, inversiones— y evidencia, según el conferenciante, que “el capitalismo empieza a devorarse a sí mismo con el clima como detonante”, dando lugar a lo que algunos autores llaman necroeconomía: la rentabilización de desastres que causan muerte y destrucción.
Otro eje fuerte de su mensaje fue el papel de la ciencia y el divorcio entre conocimiento y decisiones políticas. Denunció que muchos gobiernos apenas utilizan el asesoramiento científico en materias críticas —desde pandemias hasta clima extremo— y que la comunidad científica se ve obligada a abandonar la comodidad de la neutralidad para decir con claridad qué informes son falsos, qué políticas son peligrosas y qué riesgos son inasumibles. “La ciencia ya no es inocua”, afirmó, porque una parte cada vez mayor del conocimiento describe impactos tóxicos provocados por nuestras propias acciones.
A pesar del tono duro del diagnóstico, Valladares se esforzó por cerrar en clave constructiva. Insistió en que mitigar la crisis climática es posible y que hacerlo no solo evitaría millones de muertes y un sufrimiento inmenso, sino que podría mejorar nuestra salud física y mental, hoy en retroceso en buena parte del mundo rico. Reivindicó el poder de la ciudadanía más allá del voto cada cuatro años, a través de herramientas como las asambleas ciudadanas y la presión social sostenida, que ya está modificando posiciones de algunos gobiernos en temas sensibles.
En la parte final, el investigador planteó la necesidad de repensar el modelo económico en términos de suficiencia y “buen vivir”, lo que en Europa se discute bajo conceptos como decrecimiento o poscrecimiento. No se trata, explicó, de empobrecerse, sino de fijar límites razonables en un planeta finito y recuperar tiempo, cuidados, vínculos y decisiones colectivas sobre qué entendemos realmente por bienestar. En su visión, la salida a la crisis climática pasa por reconquistar el tiempo -hoy absorbido por el trabajo y el consumo- y por redefinir, entre todos, qué es una buena vida en una sociedad que quiera seguir existiendo sin destruir las bases que la sostienen.

