Nos enfrentamos a desafíos mayúsculos como el cambio climático y crueles conflictos bélicos y crisis globales con el peor estado mental en mucho tiempo. Las prisas, la falta de tiempo, una sociedad poco o nada social deriva inevitablemente en ecoansiedad y solastalgia. Son tiempos de sentipensar y reflexionar. De poder cogernos el dobladillo o cuidar y ser cuidados.
En estos tiempos convulsos, con fuertes amenazas geopolíticas y ambientales, como el cambio climático, necesitamos tener bien puesta sobre los hombros nuestra cabeza. Pero la falta de tiempo, las prisas con las que vivimos nos deshumanizan y nos hacen vulnerables a unos problemas que nos desbordan. No son solo los informes globales sobre la salud mental los que evidencian que globalmente no estamos bien. Todos lo vemos en el día a día. Surgen nuevos problemas emocionales y psicológicos que se suman a los de toda la vida.
La ecoansiedad y la solastalgia, por ejemplo, que impactan especialmente a los jóvenes. Es evidente que tenemos que recuperar el control del tiempo, dejar de correr sin tener muy claro a dónde. Sentipensar. Pensar lentamente, con foco y calma, balancear intuición y razón, sentimiento y razonamiento, son claves para nuestra salud. Y necesitamos estar bien para mirar de cara las impresionantes crisis que ya están aquí. El mejor legado que podemos dejar a las futuras generaciones y que empieza hoy con nosotros mismos, es gestionar el tiempo, frenar, decidir. Reconquistar el tiempo para poder cuidar y cuidarnos, para disfrutar de la compañía de los amigos o para, simplemente, poder cogernos un dobladillo.
Este vídeo se ha inspirado en el articulo liderado por Carolina Belenguer Hurtado publicado e Ciencia Crítica (eldiario.es) que puede leerse aquí


