Comer animales salvajes es para muchas regiones del planeta la única opción alimenticia. Pero ello conlleva riesgos muy graves para la salud de la humanidad como estamos viviendo con la crisis del coronavirus y como vivimos con el ébola y los murciélagos o el SARS y las civetas. Además, la biodiversidad nos protege de infecciones, lo supimos hace años con el virus del Hanta por ejemplo. Hay que encontrar un nuevo equilibrio global entre comer y proteger animales salvajes porque en ambas cuestiones nos va la vida.
