Nuestros esquemas mentales no reconocen la globalidad del mundo. Nuestro cerebro de primate, apenas transformado para una nueva cultura, es incapaz de procesar e integrar acciones y procesos que impliquen a mas de un centenar de personas. Con esfuerzo, llegamos a abrazar a duras penas la idea de nación. Pero no pasamos de ahí. Ponemos fronteras y límites a todo lo que se sale de ese marco. Esos límites nos impiden actualmente abordar problemas globales como la pandemia de la COVID-19, la crisis de biodiversidad o el cambio climático. Nos guste o no, vivimos en un mundo globalizado con desafíos globales. Es urgente entrenar nuestro cerebro primitivo
