Ante un modelo económico letal o ante un mar que devora costas, la retirada estratégica surge como la herramienta definitiva de supervivencia colectiva y adaptación proactiva.
La guerra no termina cuando se apagan las armas. En conflictos como el de Irán, su impacto real se despliega como una onda expansiva mucho más compleja: ambiental, sanitaria y global.