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5 MINUTOS CON... La producción industrial de carne

Aunque el término macrogranja no está oficialmente definido, todos sabemos a qué nos referimos con este nombre...
3 de abril de 2023
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Aunque el término macrogranja no está oficialmente definido, todos sabemos a qué nos referimos con este nombre. Son instalaciones industriales donde se hacinan miles de animales. Cerdos, vacas, gallinas. Representan una solución peligrosa para producir carne barata. Una solución que nos enferma a todos directa e indirectamente. Nada tienen que ver con la imagen idílica de los animales pastando tranquilamente en dehesa y campiñas y que es un ejemplo de lo que sí son buenas prácticas: las de la ganadería extensiva.

No hay margen para dudar del tremendo impacto en la salud humana, animal y ambiental representan las macrogranjas , ni del número de derechos humanos universales que violan de un plumazo, empezando por el más reciente, el derecho a un medio ambiente saludable y limpio . Se pueden resumir en ocho las razones para decir que no a las macrogranjas con base científica:

  1. Cambio climático. La ganadería implica emisiones de gases de efecto invernadero como el CO2 y el metano. Se estima que la ganadería es responsable del 14,5% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. Las macrogranjas tienen un peso alarmante en esta gran cuota de emisiones, pero las principales empresas del sector apenas toman medidas.
  2. Sobrexplotación del agua. La producción industrial de carne requiere mucha agua. Para darnos una idea, una vaca lechera necesita más de 100 litros de agua cada día. Si multiplicamos esos litros por las 10.000 vacas de algunas instalaciones nos sale la astronómica cifra de un millón de litros diarios.
  3. Contaminación del suelo y el subsuelo. Una de las evidencias mejor constatada de esta contaminación es la elevada concentración de nitratos en las fuentes de muchos pueblos cercanos a las macrogranjas o donde se emplean los “purines” (desechos de excrementos y orines) como fertilizantes. Fuentes que deben cerrarse por el peligro que tienen para nuestra salud estas concentraciones altas de nitratos en el agua de uso doméstico.
  4. Alto riesgo de zoonosis y pandemias. Las altas concentraciones de animales son un peligro epidemiológico con riesgos para el ser humano de zoonosis y pandemias. Los animales criados de forma extensiva presentan menos riesgos epidemiológicos.
  5. Reducción de la eficacia de los antibióticos y resistencia bacteriana. Al emplear grandes cantidades de antibióticos que acaban en el agua y en los suelos de amplias zonas en el entorno de una macrogranja se acelera la generación de bacterias superresistentes. Aumentan los riesgos de infecciones con estas bacterias. Lo cierto es que los antibióticos de las macrogranjas acaban en los suelos, las plantas y las personas. En especial las tetraciclinas y las sulfonamidas, dos de los antibióticos más utilizados en las macrogranjas. Debido a que ambos se absorben mal en el intestino de los animales, una proporción significativa (hasta un 90%) de ellos se excreta sin cambios, por lo que llegan al medio ambiente principalmente a través de la aplicación de estiércoles y purines como fertilizantes en los campos agrícolas.
  6. Maltrato animal. Los animales viven en condiciones adversas y estresantes, sin llegar a desarrollarse bien.
  7. Incremento del desempleo. La automatización y la reducción de distancias y de logística reduce la demanda de trabajadores
  8. Incremento de la pobreza y la desigualdad. La riqueza monetaria que generan las macrogranjas no se queda en el territorio. El territorio contaminado pierde valor. La población se empobrece y se incrementa la desigualdad social.

No debe sorprendernos, tras todo lo anterior, que las macrogranjas saquen a España de la legalidad vigente por la desmesurada contaminación del aire y del agua. Para que España se haya convertido en la fábrica mundial de cerdos se ha tenido que vulnerar tanto el derecho de sus ciudadanos a un ambiente saludable como a la legislación ambiental europea. Por suerte para la salud y el futuro de los españoles, está la Unión Europea, pero por desgracia para los españoles, sus representantes políticos no acaban de atreverse a hacer cumplir estos marcos jurídicos internacionales.

Tampoco debe sorprendernos que en algunos países ya estén cerrando las macrogranjas. Incluso en países como Holanda han creado todo un ministerio para organizar ese cierre. En España lejos de disminuir, las macrogranjas crecen en número y tamaño. Las denegaciones solo tienen lugar cuando el riesgo ambiental y social es desorbitado. La crisis de las macrogranjas en países como Holanda nos puede enseñar muchas cosas, entre otras, y muy especialmente, que macrogranjas hoy, son macrocrisis mañana.

En resumen, la transición proteica abandonando la producción de carne barata en macrogranjas se vuelve urgente debido a los problemas ambientales, de bienestar animal y de salud de las personas que genera. La buena noticia es que esta transición resulta apoyada por una mayoría de personas cuando se les informa de los problemas.

Fernando Valladares
valladares.info
Doctor en biología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Director del proyecto "La Salud de la Humanidad"

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