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5 MINUTOS CON... La contaminación acústica

El ser humano, con el creciente ruido que produce, ha roto la armonía y el ritmo de la música de la naturaleza.
20 de diciembre de 2022
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El ser humano, con el creciente ruido que produce, ha roto la armonía y el ritmo de la música de la naturaleza. Algunos científicos se refieren a ello como la “cacofonía del Antropoceno,” la era actual, dominada por el impacto de la civilización. Los paisajes sonoros del Antropoceno son fundamentalmente diferentes de los de la época preindustrial. Lo más preocupante de esta cacofonía no es tanto que suene mal, como que impacta la salud de las personas y la fauna, y altera el funcionamiento de los ecosistemas tanto urbanos como naturales.

La contaminación acústica se refiere a la presencia en el ambiente de ruidos o vibraciones, que impliquen molestia, riesgo o daño para las personas, actividades o bienes de cualquier naturaleza, o que tengan impactos negativos sobre el medio ambiente. A muchos les parecerá algo secundario, pero según la Organización Mundial de la Salud, el ruido es la segunda causa ambiental de problemas de salud, justo por detrás de la contaminación atmosférica. Las principales causas de la contaminación acústica están relacionadas con el transporte, la construcción de edificios, las obras públicas y la industria.

La exposición prolongada al ruido afecta a nuestros oídos, elevando el umbral de audición y adelantando la sordera. Pero la contaminación acústica afecta de muchas formas a la salud, produciendo trastornos del sueño, en el sistema cardiovascular y en el metabolismo, como aumento del colesterol y de los triglicéridos, arteriosclerosis o problemas coronarios. Incluso los ruidos fuertes y súbitos pueden llegar a causar un infarto. El ruido ambiental provoca que 22 millones de personas sufren molestias crónicas importantes y que 6,5 millones de personas padecen alteraciones del sueño graves y crónicas. Sólo como consecuencia del ruido de las aeronaves, cientos de miles de niños en edad escolar tienen problemas con la lectura y deficiencias cognitivas. Incluso afecta a los bebes durante el embarazo, naciendo con menos peso, siendo mas irritables y con numerosos problemas de salud al crecer.

La contaminación acústica tiene numerosos efectos psicológicos relacionados con la fatiga, como estrés, depresión, ansiedad, irritabilidad, agresividad, histeria o neurosis, todo lo cual tiene, a su vez, consecuencias personales y laborales negativas que incrementan los problemas. El 20 % de la población europea, es decir, más de 100 millones de personas, está hoy en día expuesto a niveles de ruido perjudiciales para la salud.

Los impactos ambientales del ruido son tan o más amplios que sobre la salud humana. El ruido altera la distribución y el comportamiento de especies clave, lo cual tiene efectos en cascada sobre la integridad de los ecosistemas. Esta contaminación reduce la capacidad de los animales de escuchar a sus depredadores acercarse y también provoca interferencias en su apareamiento. Las plantas también pueden verse afectadas cuando se altera el comportamiento de los animales herbívoros y de los que las polinizan o dispersan sus semillas.

Se observa una drástica disminución de animales que producen sonidos en lugares ruidosos como las ciudades. Los altos niveles de ruido en las ciudades han producido muchas alteraciones. A los petirrojos urbanos se les escucha cantar cada vez con mas frecuencia de noche por pura supervivencia. El carbonero común macho cambia la frecuencia de su canto para hacerlo más agudo. Las hembras prefieren frecuencias más graves a la hora de seleccionar a un compañero, pero estas frecuencias son más difíciles de escuchar a causa del ruido urbano.

El sonido viaja más rápido y más lejos en el agua que en el aire. La evolución de la vida en el medio acuático ha hecho que muchos organismos marinos dependan de la producción, transmisión y recepción del sonido para los aspectos clave de su vida. Por ello el ruido es particularmente grave en los ecosistemas marinos. Se ha demostrado cómo el ruido de barcos y naves afecta gravemente a orcas, ballenas y delfines. Estas dependen mucho de la emisión de ondas, y la alta frecuencia de las embarcaciones distorsiona su capacidad de comunicarse, reproducirse o encontrar alimento. También se han visto impactos en peces e invertebrados, aves marinas y reptiles. Se ha comprobado que el ruido de los buques, el sonar activo, los sonidos sintéticos (tonos artificiales y ruido blanco) y los dispositivos acústicos de disuasión afectan a los animales marinos, al igual que el ruido de las infraestructuras energéticas y de construcción y los estudios sísmicos. El que muchos animales no tengan auténticos oídos no significan que no se vean afectados por el ruido. Multitud de invertebrados marinos, por ejemplo, ven alterados sus funciones biológicas por efecto del ruido, y dado que muchos son sésiles, como los corales, no pueden alejarse del ruido y pueden acabar muriendo.

No se salvan ni los espacios protegidos: el 63% de las áreas naturales protegidas de Estados Unidos, por ejemplo, registra ruidos de origen humano que duplican el volumen de los sonidos de la naturaleza. En un 21% de ellos, el nivel de ruido multiplica diez veces a los sonidos naturales. La vida salvaje no es la única que sufre los efectos del ruido. La ganadería es otro de los sectores que se ve afectado por la exposición a altos niveles de ruido. El estrés que provoca este problema en el vacas y gallinas repercute en su capacidad de producir leche y huevos.

En comparación con otros factores de estrés que son persistentes en el medio ambiente, como el dióxido de carbono emitido a la atmósfera o los contaminantes orgánicos, el ruido antropogénico es típicamente un contaminante de fuente puntual, cuyos efectos disminuyen rápidamente una vez que se eliminan las fuentes. Por tanto, reducir la contaminación acústica es más fácil y las acciones son mas eficaces que en el caso de otras formas de contaminación. Por fortuna, las cosas van cambiando. Por ejemplo, la Mediterranean Shipping Company modificará sus trayectos en la costa occidental de Grecia para reducir el riesgo de colisión con los cachalotes. Falta que se considere también el impacto sonoro de barcos y cruceros. ¡Y que cunda el ejemplo a todas las fuentes de ruido, claro!

Fernando Valladares
valladares.info
Doctor en biología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Director del proyecto "La Salud de la Humanidad"

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